Thursday, August 6, 2026

Parque Jaime Duque: Cuando viajar también es aprender

PARQUE JAIME DUQUE -MAS ALLA DE UN VIAJE 

 

Hay experiencias que comienzan mucho antes de llegar al destino, y esta fue una de ellas. Todo empezó un día cualquiera en el colegio, cuando los profesores nos dieron la noticia de que realizaríamos una salida pedagógica al Parque Jaime Duque. En ese momento sentí una mezcla de emociones que era difícil explicar. Por un lado, estaba muy emocionada porque siempre había escuchado hablar de ese lugar y sabía que era uno de los parques más importantes de Colombia; por otro, también tenía un poco de nervios porque no sabía exactamente cómo sería la experiencia, qué lugares visitaríamos o qué recuerdos me llevaría de ese día.

Desde que anunciaron la salida no dejé de pensar en ella. Cada día que pasaba sentía que faltaba menos y la emoción aumentaba. Hablaba con mis amigos sobre lo que esperábamos encontrar, sobre las atracciones que queríamos conocer y sobre todas las fotografías que pensábamos tomar. Sin darme cuenta, aquel paseo ya se había convertido en uno de los temas de conversación más frecuentes entre nosotros.

Como quería que ese día fuera especial, decidí comprarme una gorra Vieja Guardia unos días antes de la salida. Era una gorra que desde hacía tiempo quería tener y pensé que aquella ocasión era perfecta para estrenarla. Cuando llegó el día y vi que varios de mis amigos también llevaban sus gorras, sentí que, sin planearlo, todos compartíamos el mismo estilo. Más que una simple prenda, aquella gorra terminó convirtiéndose en un símbolo de ese viaje. En casi todas las fotografías aparecemos juntos, sonriendo con nuestras gorras puestas, y cada vez que vuelvo a ver esas imágenes recuerdo la amistad, las risas y los momentos que compartimos durante todo el recorrido.

Finalmente llegó el día esperado. Me levanté mucho más temprano de lo habitual porque la emoción prácticamente no me dejó dormir. Preparé mi maleta, revisé que no me faltara nada y salí rumbo al colegio. Apenas llegué, el ambiente era completamente diferente al de un día normal de clases. Todos estaban felices, algunos hablaban sin parar, otros se tomaban fotos antes de salir y muchos ya estaban escuchando música mientras esperábamos la llegada de la buseta.

Cuando por fin subimos, comenzó realmente la aventura. Durante el viaje el ambiente fue muy alegre. Algunos cantaban, otros hacían chistes, otros simplemente iban conversando mientras observaban el paisaje por la ventana. Yo hice lo mismo durante un buen rato, disfrutando del recorrido y viendo cómo poco a poco la ciudad quedaba atrás para dar paso a montañas, árboles y carreteras rodeadas de naturaleza.

Después de un tiempo, el movimiento de la buseta y el cansancio hicieron que cerrara los ojos por unos minutos. Sin darme cuenta, terminé quedándome completamente dormido. Cuando desperté, escuché a varios compañeros diciendo que ya casi llegábamos. Miré por la ventana y vi la entrada del Parque Jaime Duque cada vez más cerca. En ese instante sentí nuevamente esa emoción que había sentido desde el día en que anunciaron la salida. Todo aquello que había imaginado durante semanas estaba a punto de hacerse realidad.

Al bajar de la buseta respira profundamente. El aire era fresco y el paisaje era mucho más impresionante de lo que esperaba. Desde la entrada se pudieron observar enormes jardines perfectamente cuidados, monumentos que llamaban la atención desde la distancia y un ambiente muy tranquilo. En ese momento comprendí que aquel no sería un simple paseo escolar, sino una experiencia que seguramente recordaría durante mucho tiempo.


Nuestro recorrido comenzó caminando por los diferentes senderos del parque. Cada paso permitía descubrir un lugar nuevo. Los jardines estaban llenos de flores de muchos colores, árboles inmensos y espacios verdes que transmitían tranquilidad. Era imposible caminar con afán porque siempre había algo interesante que observar.

En muchos momentos nos deteníamos simplemente para contemplar el paisaje o para tomar fotografías que conservaran esos recuerdos.

Los monumentos fueron una de las primeras cosas que captaron mi atención. Eran enormes, detallados y representaban momentos importantes de la historia y la cultura. Mientras los observaba pensaba en todo el trabajo que debía existir para construir un lugar tan impresionante. Cada monumento parecía contar una historia diferente y nos invitaba a reflexionar sobre el pasado y sobre la importancia de conservar nuestra memoria histórica.

Uno de los lugares que más esperaba conocer era el Museo del Hombre . Desde el momento en que entré sentí mucha curiosidad. El recorrido por el museo fue muy interesante porque mostró la evolución del ser humano, las antiguas civilizaciones y la manera en que la humanidad ha cambiado a través del tiempo. Ver las representaciones, las figuras y toda la información hizo que comprendiera que la historia no es solamente una materia del colegio, sino el resultado de millas de años de cambios que explican quiénes somos actualmente.

Mientras caminaba por cada sala del museo, imaginaba cómo habría sido la vida de las primeras personas que habitaron el planeta. Pensaba en todo lo que tuvieron que descubrir para sobrevivir y en cómo cada generación fue construyendo el mundo que hoy conocemos. Fue un lugar que no solamente me permitió aprender, sino también reflexionar sobre el enorme recorrido que ha tenido la humanidad.


Después de visitar el Bioparque Wakatá , uno de los lugares que más me sorprenderá durante toda la salida. Allí pudimos observar diferentes especies animales en espacios adecuados para ellas. Verlos tan cerca fue una experiencia muy especial. Algunos descansaban tranquilamente mientras otros caminaban o jugaban. En ese momento comprendí la importancia de proteger la fauna y conservar la naturaleza, porque muchas veces olvidamos que compartimos el planeta con millas de especies que también merecen cuidado y respeto.


Continuamos nuestro recorrido visitando diferentes espacios del parque hasta llegar a las atracciones mecánicas . Esa fue, sin duda, una de las partes más emocionantes del paseo. La adrenalina, las risas y los gritos hacían que todos disfrutáramos al máximo cada momento. Cada atracción era diferente y todas ofrecían una experiencia única. Aunque algunas impianian un poco de miedo al principio, al terminar solo daban ganas de volver a subir.

Entre un lugar y otro aprovechábamos para tomar muchas fotografías. La mayoría las tomábamos con los mismos compañeros con quienes habíamos iniciado el viaje. En casi todas aparecíamos usando nuestras gorras Vieja Guardia , riéndonos o haciendo poses para recordar aquel momento. Cuando veo esas fotografías no pienso solamente en el parque, sino también en la amistad que compartimos ese día. Entendí que los mejores recuerdos de un viaje no siempre son los lugares, sino las personas con quienes decidimos vivir la experiencia.

Poco a poco comenzó a caer la tarde y llegó el momento de despedirnos del parque. Aunque todos estábamos cansados ​​por haber caminado durante tantas horas, también nos sentimos felices por todo lo que habíamos vivido. Antes de subir nuevamente a la buseta miré por última vez los jardines, los monumentos y los caminos que habíamos recorrido. Sentí un poco de nostalgia porque el día había pasado demasiado rápido.

Durante el viaje de regreso el ambiente era mucho más tranquilo. Algunos compañeros dormían, otros revisaban las fotografías que habían tomado durante el paseo y muchos seguíamos recordando los mejores momentos del día. Yo también observé las imágenes que tenía en mi celular y sonreí al ver todas las fotografías junto a mis amigos con nuestras gorras Vieja Guardia. Comprendí que esas imágenes no solo guardaban un instante, sino una historia que algún día volveríamos a recordar.

Mientras observaba el paisaje por la ventana pensé que viajar significa mucho más que conocer un lugar diferente. Viajar también es descubrir nuevas formas de pensar, valorar aquello que muchas veces pasa desapercibido y comprender que cada experiencia deja una enseñanza. El Museo del Hombre me hizo reflexionar sobre la historia de la humanidad; el Bioparque Wakatá me recordó la importancia de cuidar la naturaleza; los monumentos despertaron mi interés por la cultura y las atracciones me enseñaron que compartir momentos sencillos con las personas correctas puede convertirse en uno de los mejores recuerdos de la vida.

Al llegar nuevamente al colegio sentí que el viaje había terminado demasiado rápido. Sin embargo, comprendí que los viajes realmente nunca terminan. Permanecen vivos en las fotografías, en las anécdotas que contamos una y otra vez y en cada recuerdo que vuelve a nuestra mente con el paso del tiempo 

Hoy, cuando pienso en aquella salida al Parque Jaime Duque, no recuerdo únicamente los lugares que visité. Recuerdo la emoción de esperar ese día, la ilusión de estrenar mi gorra Vieja Guardia, las risas con mis amigos durante el recorrido, el sueño que me venció en la buseta, la tranquilidad de los jardines, la grandeza de los monumentos, las enseñanzas del Museo del Hombre, la belleza de los animales del Bioparque Wakatá y la emoción de las atracciones mecánicas. Comprendí que un viaje vale por los recuerdos que deja y por las personas con quienes se comparte. Porque, al final, los lugares pueden volver a visitarse, pero hay momentos que solo ocurren una vez y precisamente por eso se vuelven inolvidables.

 

Sunday, November 23, 2025

Colgando de un hilo

Colgando de un hilo

: Amanecía el 21 de noviembre de 2025 cuando Lucas llegó al colegio. El aire estaba frío, y el silencio del pasillo parecía acompañar su cansancio. Caminaba despacio, como quien cargaba algo más pesado que un cuaderno o una mochila. Ese día debía nivelar con el profesor Carlos, y mientras avanzaba hacia el salón, una pregunta le rondaba la mente sin descanso: cómo había terminado ahí, sentado otra vez frente a una materia que no había logrado pasar en limpio.




. Lucas dejó caer la mirada sobre el pupitre. No quería engañarse. Sabía muy bien que no estaba ahí por falta de capacidad. Tampoco por rebeldía. Todo se debía a algo más profundo: la motivación se le había ido apagando con el tiempo. El colegio le parecía importante, sí, pero ya no despertaba en él el brillo que alguna vez tuvo.
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 Había perdido el interés, la ambición, las ganas de esforzarse por una nota. Su atención se había ido desviando hacia otras partes de su vida, hacia lugares donde sí sentía pasión. En su mente aparecieron imágenes de su rutina. Trabajar, estudiar, llegar tarde a casa, entrenar boxeo cuando pueda. A veces volvía tan agotado que el cuerpo no le respondía y la mente no le alcanzaba para concentrarse en clases o tareas. En ese cansancio acumulado, las materias comenzaron a volverse borrosas. Se enfocó en matemáticas y química porque sabía que podía complicarle el final del período, pero dejó de lado otras asignaturas que juzgó menos importantes. Confiarse fue otro error que lo lanzó a ese salón de nivelación. Lucas también trabajó en su especialidad. La electricidad le gustaba en la práctica, pero la teoría lo tenía sofocado. Las fórmulas, las leyes, la lógica técnica, todo eso lo hacía sentirse ajeno, como si estuviera estudiando algo que no era para él. Quería dedicarse al marketing y la publicidad, y eso hacía todavía más difícil de entender por qué debía memorizar leyes que no le servirían en su camino. Esa desconexión lo había dejado sin ganas de seguir esforzándose por algo que sentía impuesto.
Aun así, no había sido un estudiante que se rindiera por completo. Incluso en sus peores días entregados trabajos a medias, se presentaron evaluaciones con el intento justo para no perderlo todo. Quería, por lo menos, sostener un tres cerrado que le permitiera avanzar. Ese esfuerzo mínimo, aunque no suficiente para pasar limpiamente, fue lo que evitó que se derrumbara del todo. Mientras esperaba al profesor Carlos, también recordó lo que perdió en el proceso. Pensó en el fútbol, ​​​​en la oportunidad que tuvo de jugar en la liga Cundinamarca y que se desvaneció al cambiar de colegio y quedar con horarios que le arrebataron tiempo y espacio. Pensó en el boxeo, la disciplina que ahora quería pagar con su propio trabajo, pero que se veía frenada por la falta de apoyo y por la presión de seguir en un colegio que ya no le inspiraba nada. Era difícil seguir adelante en un lugar donde uno no se siente cómodo, donde los días se alargan como si fueran semanas. Lucas respiró hondo cuando el profesor entró al salón. La clase estaba por empezar. Algo dentro de él se acomodó por un instante. No era tranquilidad, pero tampoco era frustración. Era un entendimiento nuevo. Después de darle tantas vueltas al asunto, comprendió por qué estaba ahí. Comprendió por qué había llegado al borde, pero también por qué no se había despeñado completamente. No era pereza. No era incapacidad. Era el deseo de caminar por otro rumbo, de encontrar un futuro que realmente le perteneciera, donde sus esfuerzos no se sintieran en vano. Sin embargo, entendió que no podía abandonar el presente. A veces la vida exige terminar lo que uno empieza, aunque no sea el camino ideal. Salió de la clase con una idea clara. Ese año no había sido fácil. Tampoco el colegio. Pero él no estaba derrotado. A pesar del cansancio, la desmotivación y las materias que parecían no tener sentido, seguía sosteniéndose de un hilo que muchos no veían, un hilo que lo mantenía avanzando. Un hilo que seguía ahí porque él, en el fondo, todavía quería salir adelante. Ese hilo podía ser delgado, pero tenía una fuerza que ni él mismo imaginaba. Era el hilo que no se rompe. Y mientras lo seguía sosteniendo, Lucas sabía que, tarde o temprano, encontraría el camino que sí era suyo.



Después de un año lleno de dudas, esfuerzo y pequeños triunfos, llegas a once con la sensación de que algo dentro de ti ya cambió: ahora caminas más seguro, más despierto, más decidido. Sabes que este último año no es solo estudiar, sino demostrarte a ti mismo que puedes con todo lo que te propongas. En el relato, una vez es el momento donde te vuelves más responsable, más organizado, y donde tus sueños —el marketing, el fútbol, ​​el boxeo, la independencia— empiezan a dibujarse con más claridad. Es un capítulo de crecimiento, de decisiones importantes y de un protagonista que por fin empieza a convertirse en la mejor versión de sí mismo.





Infografía Inteligencia Artificial Moderno Negro de Lucas Santiago Vasquez Arias

Friday, August 15, 2025

Mis primeras infografias digitales

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Saturday, March 22, 2025

SOBRE MI

"SOBRE MI "

INTRODUCCIÓN :

"Hola, mucho gusto, mi nombre es Lucas Santiago Vásquez Arias, tengo 15 años y en este blog te voy a dar a conocer mi vida. Me gusta practicar fútbol y boxeo en mis tiempos libres. Mis metas en este año son conseguir trabajo, practicar boxeo o fútbol en una academia y poder pasar el año con buenas notas. Me gusta el fútbol porque desde pequeño siempre me ha gustado ser el mejor y destacar en cada cosa, ya que soy muy competitivo en algo que me interesa. El boxeo me está llamando la atención porque me parece un deporte bastante interesante, por el hecho de analizar a mi contrincante y poder vencerlo con el uso de ciertas técnicas, además de mejorar cada vez más a la hora de una pelea. También es un buen arte marcial en defensa personal por si me tratan de atacar, robar, o por si necesito protegerme a mí oa otras personas de mi alrededor.



PASATIEMPOS QUE ME DEFINEN: 

Mis pasatiempos se centran en jugar fútbol, ​​​​futsal y, actualmente, me estoy inclinando más por practicar boxeo. El fútbol a mí me encanta, ya que, de por sí, llegué a destacar en ello. Solo que el año pasado no logré trascender en ese deporte porque mi horario no coincidía con mis horas de clases, por la razón de que yo me especializaba en la tarde y no había academias de fútbol interesantes en ese horario. Hubo una que se llamaba Decroly, si no estoy mal, pero esa escuela no manejaba una buena categoría y me pareció que los jugadores de ese equipo eran mediocres y no anhelaban algo grande.

Al final del año pasado, a mediados de noviembre, a mí me invitaron a boxear, solo que me dieron en la jeta, pero desde ahí me empezó a llamar la atención el boxeo porque se me hizo un deporte bastante divertido. Aunque actualmente soy bueno, no siento que aún sea la gran cosa para pelear.

Me gusta demasiado escuchar rap y vestir ancho, ya que el rap me gusta por lo buenas que son sus letras, algo crueles, pero con buenas reflexiones. Analizarlas es como si abres los ojos. Hay artistas muy buenos, tales como Penyair, Ali Aka Mind, Hi-Co el Señor del Funk y Cejaz Negras. Siento que su música hace que veas el mundo como en realidad suele ser. Me gusta vestir ancho porque se me hace un estilo bastante estético y bonito.





RECUERDOS DE UN NIÑO SOÑADOR:

Desde que era pequeño, he sido un pelado soñador, teniendo muchas aspiraciones, pero mi gran sueño desde chiquito era ser un jugador de fútbol profesional y jugar en un equipo chimba de la Liga BetPlay, como Millonarios, Santa Fe o Atlético Nacional.

Cuando era bien chiquito, en ese tiempo vivía en Las Cruces. Mi mamá me puso en una academia de futsal, que se me olvidó cómo se llamaba, pero entrenaban en un polideportivo, y ahí fue donde empezó a apasionarme el fútbol.

Mi mayor ídolo era James Rodríguez cuando jugaba en el Real Madrid y demostraba su talento. También admiraba a David Neres, un joven brasileño que me deslumbró con sus regates en el año 2019, cuando el Ajax de Holanda llegó a semifinales de aquella Champions, siendo una pieza clave con su zurda mágica.





MI FAMILY:

"Mi familia actualmente no está tan unida como lo era en el pasado debido a algunos inconvenientes que poco a poco nos han ido separando. Antes, solíamos compartir tiempo juntos, celebrábamos fechas especiales y nos apoyábamos en todo momento. Sin embargo, con el tiempo, ciertas situaciones han generado distancia entre nosotros, ya sea por malentendidos, diferencias de pensamiento o problemas personales. A pesar de todo, lo importante es que, aunque las cosas no sean como antes, seguimos sosteniéndonos mutuamente en los momentos difíciles. Al final del día, la familia sigue siendo un pilar fundamental en mi vida, y aunque existen conflictos, sé que el lazo que nos une nunca desaparecerá por completo.


CUANDO TODO SE DETUVO :

Mi cuarentena no tuvo nada de especial ni algo que realmente se destacara. La mayor parte del tiempo se me iba jugando todos los días de la semana, sin mucha variedad en mi rutina. Desde la mañana hasta la noche, pasaba frente a la pantalla, sin preocuparme demasiado por lo que sucedía a mi alrededor. Las clases virtuales eran otro desafío, ya que muchas veces me quedé dormido durante ellas. La falta de interacción con amigos y la monotonía del encierro hicieron que esos meses se sintieran eternos. Aunque al principio la idea de quedarse en casa sonaba bien, con el tiempo se volvió repetitivo y aburrido. No tenía motivación para hacer algo nuevo, y los días parecían sin diferencia entre uno y otro, la pasar cuarentena fue una etapa en la que me refugié en los videojuegos, pero también me di cuenta de lo importante que es salir y vivir experiencias fuera de una pantalla.
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Parque Jaime Duque: Cuando viajar también es aprender

PARQUE JAIME DUQUE -MAS ALLA DE UN VIAJE    Hay experiencias que comienzan mucho antes de llegar al destino, y esta fue una de ellas. Todo e...